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lunes, 5 de agosto de 2013

TOLEDO

López Simón, Uceda Leal y Eugenio de Mora, a hombros en Villaseca de la Sagra.//Carlos Gómez
LA TERNA, A HOMBROS EN LA CORRIDA INAUGURAL

Villaseca de la Sagra, por el buen camino

Javier Fernández-Caballero

No eran Fiestas, ni Feria, ni patrones, ni siquiera una mísera banda alegraba las horneantes siestas manchegas… pero Villaseca de la Sagra acudió a inaugurar su plaza. Tres cuartos largos poblaron los tendidos toledanos de una magia inequívoca que toda afición llevaba consigo: es de lógica que todo un año de trabajo fructificara en la satisfacción por ser, hoy más que nunca, el epicentro taurino del primer domingo de agosto.

Más importa la elegancia que la inversión, más importa la clase que la productividad que pueda tener o no –que la tiene- el nuevo recinto taurino, mucho más importante es que en el corazón de todos esos vecinos ya pueble un monumento físico a su inquietud artística –entiéndase tauromaquia- que las pobres, ignorantes y equívocas voces ofensivas contra este nuevo templo taurómaco. Es de lógica, porque a la Fiesta se le sabe honrar, y merecer, y respetar. Y se le quiere.

Eso mismo fue demostrado cuando tres ternos multicolores hundieron por vez primera sus zapatillas en el nuevo albero. Blanco, azul y hueso fueron los vestidos celestiales con los que Villaseca entrelazó su primer paseíllo en fijo. Y seis montealtos que, con su presencia honraron mil halagos al respeto culto e inteligente por el que lucha la comisión taurina de esta bella villa.

Y ese trabajo se vio recompensado. El mejor Eugenio de Mora, la vieja gloria que muchos querían tapar resucitó como si su corazón novilleril retrocediera trece temporadas atrás para recuperar el espíritu alfarero que un día lo vio salir de su tierra en busca del triunfo. No llegó; pero el buen toreo nunca faltó.

Lo reiteró ante el segundo del festejo, toreo caro, templado, con gusto sobre la mano diestra y muy a merced del burel, que tampoco se dejó ganar la pelea; lo corroboró ante un quinto con menos fortaleza pero que tuvo la mala fortuna de toparse con un tipo que de moracho tenía poco. De torero, mucho. De triunfador, más aún. Le cortó las dos orejas porque el temple, la cadencia, la despaciosidad y el ligazón de las tandas son el martillo judicial que sobreponen toda condición nefasta del animal.

Peor lote y mayor injusticia se llevó consigo Alberto López Simón, que pechó con los dos toros más deslucidos de todo el encierro madrileño. Sin rozarle la muleta inició su  primer trasteo de rodillas justo en la boca de riego. Dos tandas, dos, duró el astado antes de reventarlo a arrimones, tomadacas y traeyllevas circulares que volvieron loca a la villa novilleril. En el sexto más de lo mismo: dos tandas y a arrimarse, que es donde el toro comenzó a moldear lo que un alfarero dejó escrito hace ahora dos temporadas. ¡Qué bonitos son los reencuentros! ¡Éste sí que mereció la pena!

Recibió Uceda a su primero dejando tras de sí dos verónicas que bien merecieron ilustrar el cartel inaugural del nuevo coso. No lo mereció el astado, un montealto de corta embestida que no dejó sino que el de Usera pudiera instrumentar dos tandas derechas y algunos detalles clásicos. Detalles marca Uceda, como no lo fue la rúbrica con la tizona de bajonazo. En el cuarto, una media de salida valió toda la tarde y al sumaysigue se le añadió una faena de altibajos –revolcón incluido- que un estoconazo puso en valía.

Y es que lo que bien empieza, bien prosigue. Y no falta mucho: 32 días son los que separan el inicio planetario de un sueño con futuro que hoy ha impregnado el jovial albero toledano de la verdad absoluta con la que quince novilleros se batirán en duelo por el “Alfarero de Oro 2013”. Es de lógica que se llenara la plaza, que esas gentes salieran con una sonrisa que cruzaba Lima, que la vida le sonriera al menos en esta tarde dominical. Aprendamos a ser firmes, en el toreo, en las actitudes, en las circunstancias, en la vida… firmes como el rezo del azulejo que ilustraba el patio de cuadrillas: “enamorados de la Fiesta Nacional y orgullosos de nuestras tradiciones taurinas construimos esta plaza, seña de identidad de esta villa”. Lo dicho, Villaseca de la Sagra camina por el buen camino.

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