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Nula de condición, descastada a más no poder la corrida de toros que
ha presentado en Madrid el ganadero Adolfo Martín para dar carpetazo a
la Feria de Otoño. No sirvió ni uno para el triunfo, los pocos que
sacaron algo de fondo siempre fue para mal. Quedaron muy por debajo de
las expectativas creadas para tal evento. Un cartel de lujo con tres de
los mejores matadores que han pasado por Las Ventas durante esta
temporada y un hierro del gusto del aficionado más exigente, la
conjunción era perfecta, pero hay un aspecto que la mano del hombre no
controla ni controlará nunca. Desigual de presentación y nula de juego.
En conjunto, ha sido una otoñada con pobre juego ganadero a excepción de
un gran Verbereno de Victoriano del Río del que todavía nos
estamos acordando entre bostezos. Hubo quien hasta echó una cabezadita,
doy fe, y eso en una tarde de este calibre es imperdonable. Plaza llena
hasta la bandera y desilusión por doquier. El órdago de torero macho
protagonizado por Iván Fandiño quedó en un gesto porque los toros no le
han acompañado, tan sólo su rabia y su pureza fueron capaces de cortar
la oreja de un potable victoriano. De todas formas, ahí queda eso, para el que quiera venir detrás a superarlo.
Sólo un instante para guardar en la memoria. Un momento sublime protagonizado por Antonio Ferrera ante Madroñito, un
toro alto de agujas y feo como un demonio. Desde el momento de la
salida apostó fuerte buscando desesperadamente un lugar en el que
embistiera. Fueron capotazos sueltos pero muy poderosos, chicuelinas y
verónicas a pulso. Palmas a la disposición del matador, mentalizado para
no dejarse nada atrás. Supo, además, darle tiempo y pocos pases para no
perjudicar en el transcurso de la lidia. No fue su tercio de
banderillas más lucido pero el último par al quiebro fue descomunal, de
quitarse el sombrero. Al comienzo de la faena le hizo las cosas
perfectas pero no acababa de romper el animal, soso y trotón. Metía la
cara por momentos, pero nada redondo. Pocos apostaban por el triunfo.
Entonces llegó Ferrera, dejó la ayuda en la arena y se puso a torear al
natural con la mano derecha. Y qué manera de rugir con esos muletazos a
cámara lenta cargados de naturalidad y torería. Tan sólo con los vuelos
de la muleta fue capaz de embeber la embestida del adolfo.
Maravillas de la tauromaquia el ver a ese torero manejar las telas de
esa manera, también al natural. Derechazo en redondo cargado de
verticalidad e inspiración, muñeca muerta al servicio del arte.
Sensacional, los pelos de punta. Temple también en la embestida del
burel. No ayudó al primer encuentro, pero colocó una buena estocada a la
segunda. Con la espada hasta los gavilanes se tragó tres naturales. El
toro cayó con el torero a escasos centímetros sobre el estribo. Petición
mayoritaria y oreja tras aviso. Pitos de un sector de la afición al que
parece no entrar en la cabeza las diferentes formas de lidiar. Gente
que llega al tendido para sufrir, no para disfrutar. Allá ellos, vivirán
menos y se perderán las cosas importantes de la vida. En fin...
Javier Castaño tuvo enfrente dos animales sin posibilidad alguna de triunfo. Buen tercio de varas protagonizado, una vez más, por Tito Sandoval. El único capaz de torear a caballo con maestría. David Adalid
se llevó la ovación del respetable antes de poner el primer par ya que
volvía a vestirse de luces tras el percance de Nîmes. Brilló junto a su
compañero de fatigas, Fernando Sánchez. Se desmonteraron ambos en los dos toros. Muy bien de nuevo con la capa Marco Galán. No decepcionó la cuadrilla. Baratero,
segundo de la tarde, cogía con temple pero no quería más batalla.
Parado, agarrado al piso y rajado siempre. Se apagó demasiado pronto. El
quinto todavía peor, no quiso ni el del inicio. Tremenda labor de
Castaño porque se debe sufrir con semejante material en un lugar de
tantísima responsabilidad. Tampoco funcionó la espada. Pasa malos ratos
el torero cuando encara la suerte suprema. Volverá la racha.
No debió pasar buen rato Iván Fandiño con tercero y
sexto. La oportunidad se le escapaba entre las manos y nada podía hacer
para salvar la situación. Abantos de salida sin fijeza alguna el
cornipaso Murciano. Fue la primera serie la única que llegó
arriba, ya que, en cuanto apretaba un poco, todo se venía abajo. Y
claro, por el pitón izquierdo llevaba la cara por los aires y por el
derecho tenía más bien poca gracia. Astado nulo de transmisión. Y lo del
que cerraba plaza es casi una historia de miedo. Bien colocado,
jugándose los muslos, tragando feas embestidas para nada. Poca fuerza,
imposible de crear algo emocionante. Lo intento de verdad y con verdad,
pero nada más.
Gesto de torero con mayúsculas al final del festejo: El subalterno aragonés Roberto Bermejo se
cortó la coleta en presencia de su matador, ¡suerte! A falta de la
Hispanidad, firmamos un pobre fin de temporada en Las Ventas. La buena
confección de los carteles no ha salvado el ciclo. Habrá que quedarse
con la oreja del de Orduña y Ferrera además de la gran faena de un
renovado Manuel Jesús.
FICHA
Plaza de Toros de Las Ventas. Feria de Otoño. Cuarta de abono. Lleno
en los tendidos en tarde agradable. Toros de Adolfo Martín desiguales de
presentación y de juego nulo para
Antonio Ferrera: palmas y oreja tras aviso
Javier Castaño: silencio en ambos
Iván Fandiño: silencio en ambos
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